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El Harén del Ex-Convicto - Final.

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  La semana que León pasó en el departamento de Fiama fue un paréntesis de pura lujuria y sumisión absoluta. El ambiente, que antes olía a libros y velas aromáticas, ahora estaba impregnado del aroma persistente del sexo, del sudor y del poder masculino. Para Fiama, esos días fueron una inmersión total en un mundo que nunca había sabido que anhelaba. Cada mañana comenzaba de la misma manera: con ella de rodillas frente a él, mientras la luz del amanecer filtraba por las persianas e iluminaba la escena de su propia degradación voluntaria. Su boca, sus labios pintados de un rojo pálido que ya se había borrado en las sábanas y en la piel de León, se movían con una devoción casi religiosa alrededor de su miembro. No era solo un acto sexual; era una afirmación, un ritual de posesión. "Este miembro", pensaba ella, mientras se ahogaba deliberadamente, sintiendo la textura de su piel contra su paladar, la punta golpeando su garganta, "fue de mi madre. Ella lo tuvo y lo despreció...

El Harén del Ex-Convicto - Parte 4

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  La mañana irrumpió en la habitación con la suave crudeza de la luz filtrándose entre las persianas. Aldana se movió entre las sábanas y un gemido leve escapó de sus labios. No era el sonido plácido del sueño interrumpido, sino el eco cansado de una batalla librada en su propio cuerpo. Cada músculo protestaba, cada hueso parecía recordarle la intensidad de la noche anterior, y de la madrugada. Hacía años, tal vez desde su juventud más despreocupada, que no experimentaba un sexo tan salvaje y agotador. León no solo era potente; era brusco, posesivo, y había dejado su marca en ella de manera literal. Al deslizarse de la cama, su mirada se posó en el espejo del armario y un rubor de vergüenza y excitación retrospectiva la recorrió. Moretones violáceos, del tamaño de sus dedos, adornaban sus caderas. Marcas de sus dientes, sutiles pero visibles, se dibujaban en la curva de su cuello y en la piel sensible de sus senos. Su cuerpo, siempre tan cuidado y presentable, parecía el mapa de un...

El Harén del Ex-Convicto - Parte 3

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  Durante dos semanas, la vida de Jazmín se transformó en un ciclo hedonista y claustrofóbico. Los límites entre su profesión y su vida privada, antes tan nítidos, se difuminaron hasta desaparecer. Sus mañanas comenzaban con la sensación de las sábanas arrugadas y el peso del brazo de León sobre su cintura, un recordatorio posesivo incluso en el sueño. Se vestía con trajes impecables, se recogía el cabello en un moño severo y se sumergía en el mundo abstracto de los códigos legales y las apelaciones, defendiendo a otros hombres cuyas miradas nunca podrían tener la intensidad devoradora a la que ella se había acostumbrado. Pero su mente, siempre tan aguda y centrada, ahora vagaba en medio de una audiencia hacia el recuerdo de la noche anterior: la presión de sus manos en sus caderas, el sonido de su respiración ronca en su oído, la sensación de estar completamente llena, poseída, usada. El trabajo se había convertido en un intermedio, en la pausa necesaria entre una sesión de sexo b...

El Harén del Ex-Convicto - Parte 2

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  El silencio de la casa era ahora un manto pesado, roto solo por el jadeo entrecortado de Jazmín y la respiración profunda, satisfecha, de León. El aire olía a sexo, a sudor y a poder. Jazmín se movió con una elegancia que ni la desnudez total ni la situación podían quitarle. Sus pies descalzos se hundían en la suave alfombra mientras caminaba hacia la cocina, sintiendo con cada paso un recordatorio húmedo y cálido de lo que acababa de ocurrir. Los jugos de León, mezclados con los suyos, chorreaban por la cara interna de sus muslos, trazando un camino vergonzante y primitivo. Sin embargo, lejos de sentir repulsión o humillación, esa sensación de ser usada, de ser marcada de una manera tan íntima y degradante, avivaba un fuego extraño en su vientre. Era una sensación de inferioridad, de haber sido reducida a su función más básica, y le gustaba.  Su mente, siempre tan lúcida y analítica, comenzó a trazar paralelos involuntarios mientras buscaba la botella de whisky de malta sin...

El Harén del Ex-Convicto - Parte 1

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  El portón de la cárcel se abrió con un chirrido metálico que a León Martínez le sonó a himno de libertad. Durante doce años, ese sonido había marcado el inicio y el fin de cada día, una rutina carcelaria que había cincelado su cuerpo y su paciencia. Ahora, al cruzar el umbral, el aire frío de la mañana le golpeó el rostro, un lujo que había casi olvidado. Con cuarenta y cinco años a cuestas, llevaba la prisión tatuada no solo en la piel, sino en la postura. Su espalda, ancha y poderosa, tensaba la sencilla camisa negra que le habían dado para salir. Los hombros, tallados por incontables horas de levantar hierro en el patio, se movían con una pesadez que era pura potencia contenida. Su tez morocha, curtida por el sol limitado de los patios de recreo, estaba surcada por el mapa de su pasado: una cicatriz que le partía el ceño de arriba abajo, recuerdo de una navaja malintencionada; otra, más sutil, que le serpenteaba desde el labio inferior hasta la mandíbula. Los tatuajes, obras d...

No me Ames, Domíname - Final.

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  Los primeros tres días en el departamento de José Manuel habían sido una prueba constante, un ritual de dolor y sumisión que Isabella había aceptado con una entrega que a ella misma la sorprendía. Dormía en el suelo, envuelta en una manta áspera que apenas aliviaba el frío de la madera contra su piel desnuda. Cada mañana comenzaba con el sonido de sus pasos acercándose, con la vara que silbaba en el aire antes de estrellarse contra sus nalgas diez veces exactas, dejando marcas rojas que ardían durante horas. Luego, mientras él desayunaba, ella limpiaba el departamento, sintiendo cómo el dolor se mezclaba con una extraña satisfacción, como si cada azote, cada orden cumplida, la acercara más a su verdadero propósito.  Pero en la tarde de ese tercer día, todo cambió.  —Ponte esto —ordenó José Manuel, arrojándole un atuendo que Isabella no había visto antes.  Ella lo miró, sorprendida. Durante esos tres días, su desnudez había sido su único uniforme, su piel marcada la...